Seminario de ADE en el Pazo de Meriñán En busca del actor creativo María Pastor

Dedicado a Juan Antonio Hormigón por todo su apoyo y fe en mi.

En primer lugar, me gustaría expresar lo agradecida que me siento al tener esta oportunidad de compartir mis impresiones de estos 20 años de total dedicación a mi trabajo ante tan respetable audiencia.

Cuando tomé conciencia de que realmente quería dedicarme a ser actriz, no soñaba con participar en películas de Hollywood, o con recibir un Max por un gran papel estrenado en el Teatro Español…No digo que ahora no sueñe con ello! Pero cuando era niña soñaba con poder ser una de las actrices de los montajes que dirigía mi padre. Soñaba exactamente con hacer lo que he estado haciendo en Guindalera todos estos años.

 A mis 40 años ya puedo decir que he cumplido uno de mis sueños. Y hoy gracias a ustedes voy a poder realizar otro más.  Tener la oportunidad de agradecer públicamente a mi padre y maestro todo lo que me ha enseñado. Por hacer fácil lo difícil. Por toda su dedicación, todo su esfuerzo y sacrificio manteniendo una integridad y una elegancia inspiradoras.

 Papá, me siento una privilegiada de ser tu hija y tu más fiel discípula. No conozco a ningún actor o actriz al que no se le llene la boca diciendo que es un placer trabajar contigo.

Hace tiempo, cuando por fin me atreví a manifestar en mi casa el deseo de ser actriz, sentí que la noticia no caía muy bien. Así es que como buena adolescente peleona, decidí confrontar a mi padre recriminándole su falta de apoyo, a lo que mi padre respondió con lo que yo considero su primera lección para mí como alumna. Me dijo: “María… en esta profesión se sufre mucho. Yo no puedo animarte a que te dediques a esto. Esta profesión es más que una vocación, es una necesidad y hasta que tu no entiendas eso, yo no te voy a apoyar.” Un año después, habiendo reflexionando mucho sobre estas palabras, mostré la mayor determinación que he tenido en mi vida al hacer las pruebas de ingreso para la Escuela de Arte Dramático.  Y 4 años después conseguí que mi padre me diera un papelito en su compañía con el montaje “Bodas de Sangre” de Lorca. Recuerdo perfectamente esos momentos entre cajas antes de salir a escena, los nervios, lo que me imponían mis compañeros que tantas veces había visto encima de un escenario y que incluso me habían dado clase. Pero justo antes de salir, al respirar profundamente, el tiempo se detuvo y me dije a mi misma. “Por fin… Yo he nacido para esto.” Y ahora que parece que nos tenemos que despedir del Teatro que me vio crecer, cierro el círculo con un papel protagonista en “Yerma” de Lorca, mágica coincidencia. Mi padre no solo me ha apoyado con toda su alma, sino que me ha dado siempre los papeles adecuados en el momento preciso. Papeles que me han revelado grandes verdades sobre mi misma y me han hecho comprometerme con la vida. Pues como bien dice él mismo, “El actor es un militante de la vida.”

Video de Susana Martín

Antes de continuar, me gustaría destacar que a mí me gusta mucho mi trabajo, no solo en Guindalera! A mí me gusta mucho trabajar con directores y directoras en teatro, cine y televisión. Y que el hecho de trabajar en Guindalera ha sido y es perfectamente compatible con otras formas de trabajo. Además, trabajar con un padre no siempre es fácil y salir de Guindalera siempre ha sido un soplo de aire fresco muy necesario en mi carrera y lo sigue siendo! Creo que la frase que más escucho es “tienes que salir de Guindalera”. A ver si hoy a través de esta ponencia puedo explicarme.

Actuar… El arte de la repetición.

Yo crecí viendo cada montaje que dirigía Juan Pastor, repetidas veces, muchos ensayos y primeras lecturas en mi casa.

Después fue mi maestro 3 de los 4 años en la RESAD, periodo de mi vida en el que ampliaba mi formación en su estudio. Y por fin entré en la compañía Guindalera. 23 montajes, varios de los cuales se repusieron mucho después en nuevas producciones. Varias lecturas dramatizadas y acudir como asistente a cada seminario, taller o curso de interpretación que el impartía.

He podido interpretar grandes textos de grandes autores como Chejov, Shakespeare, Pinter, 4 títulos de Brian Friel, Cervantes, Sanchís Sinisterra, Lars Noren… En un desafío continuo, con la riqueza de papeles muy diferentes, en la búsqueda de un estilo propio, con un método de trabajo en constante evolución, verificando el resultado en más de 100 representaciones de cada montaje en diferentes escenarios pero principalmente en la sede de la compañía frente a un público fiel cada vez más difícil de sorprender.

Guindalera me ha proporcionado muchas más experiencias:

  • El trabajo con el espectador a través de diversos talleres y encuentros. Espectadores Activos, que nació en Guindalera.
  • Las campañas de desarrollo de audiencias y el trabajo con los jóvenes. TrasTeatro y Entra en Escena.
  • Mi experiencia como docente.
  • Mi atrevimiento como directora.
  • Los encuentros internacionales. Como en Estocolmo en un teatrito muy parecido al nuestro que me ha dado mucho, el Teatro Spegel.
  • Recibir a compañías en residencia con otros lenguajes y formas de trabajo.
  • El trabajo con numerosos jóvenes autores y autoras en laboratorios de creación o descubriendo sus textos en lecturas dramatizadas.
  • Y un largo etcétera de actividades culturales desde la música hasta el vino en un afán por querer sacar adelante mi pequeña isla creativa.

Pero no voy a hablar de la supervivencia de mi pequeño teatro, ni de su capacidad de reinventarse, ni de las dificultades a las que se enfrentan, hoy en día, espacios como el nuestro.

Tampoco voy a hablar de los numerosos maestros y profesionales que han sido tan importantes para mí en mi carrera. Como Arnold Taraborrelli, mi segundo padre. Ni de mi madre! Teresa Valentín, mujer inigualable que ha hecho posible que un lugar como Guindalera pueda existir y convertirse en un modelo de referencia de gestión independiente sin contar con el respaldo necesario.

Como no voy a hablar de lo que pienso que es una buena formación actoral y lo poco valorada que está en el mundo laboral de este país.

Voy a hablar de las ventajas y beneficios de pertenecer a una compañía estable y de lo que yo considero que es un “actor creativo”.

Para mí ha sido vital, tomarme el tiempo necesario para aprender una sola técnica, integrarla y luego superarla para después poder acercarme y beneficiarme de otras sin que me generaran confusión. Pero la técnica no es nada sin una metodología. La técnica es una herramienta que por sí sola puede llegar a ser hasta contraproducente sin una meta clara, una metodología.

He aprendido a distinguir entre el entrenamiento actoral, un proceso pedagógico y un proceso creativo. Cosas muy diferentes…

Yo ahora me voy a centrar en el proceso creativo.

Por nuestra compañía han pasado actores que se han formado con nosotros, también actores formados en otros lugares con una técnica bien aprendida, otros que aún no tenían nada integrada la técnica y otros, desafortunadamente no tan bien formados o quizá deformados por la propia supervivencia de una profesión muy injusta. He visto actores que han comprendido rápidamente nuestra forma de trabajo y han florecido delante de mis ojos, he visto actores con los que hemos tenido que cambiar la dinámica de los ensayos porque resultaba más eficiente al no disponer del tiempo necesario o porque llevaban demasiado tiempo tocando mal su instrumento.

En el mundo de la música es reconocido por todos la diferencia entre un músico y un intérprete. No tiene nada que ver un músico callejero con un músico de la filarmónica de Viena (aunque haya gente muy buena tocando en la calle pero es para entendernos) Y dejando a un lado el duende o el encanto personal porque se puede ser un buen profesional sin talento ninguno! El músico es aquel capaz de tocar cualquier partitura en cualquier lugar. Domina el lenguaje musical, sabe de armonía y está entrenado para tocar durante horas sin depender de la inspiración. Además de poder comunicarse fluidamente con cualquier otro músico. El intérprete es quien aprende a tocar un instrumento enfocándose en un único estilo. Toca la guitarra porque quiere tocar Blues pero no necesariamente sabe de música.

Así que dando por hecho que el actor no tiene problemas expresivos o instrumentales, que sabe verdaderamente escuchar y recibir en el escenario, que sabe distinguir entre un comportamiento orgánico de uno verosímil, que sabe analizar una escena desde el punto de vista práctico, comprende lo que es un conflicto dramático y sabe dónde está la acción en un texto, comienza la forma de trabajo.

Poder constituir una forma de trabajo junto a mi padre ha sido lo más gratificante para mí en estos años de investigación en nuestra compañía.

Yo no soy un ejemplo de nada pero a mí poder profundizar en una misma forma de trabajo como el “Análisis activo” (así decidimos llamarlo) me ha permitido sentirme libre, sentir que vivo real y sinceramente una situación imaginada y que no soy esclava de las intenciones del texto, ni tengo miedo a no tener el estado de ánimo adecuado. No necesito memorizar el texto porque lo aprendo sin apenas darme cuenta a una velocidad pasmosa. Y la temida mecanización resulta menos probable porque parece más fácil dejarse sorprender en escena al saber dónde poner el accidente para tropezarse en él. Porque sabes donde llevar tu atención en cada instante al tener muy clara la línea interna y al haber llegado progresivamente al resultado dejando que la caracterización del personaje se manifieste, no se imponga.

Para mí un actor creativo es aquel que sabe recibir de sus impulsos y orientarse en escena. Suena fácil, verdad? Un actor creativo tiene desarrollada la intuición y afinado su instrumento. Sus impulsos volitivos responden a una lógica al servicio del objetivo del personaje sin que su cuerpo sea un obstáculo y es capaz de justificar lo que el director le pide reconduciendo esos impulsos. Un actor creativo no es un actor que se cree director pero genera respuestas muy acertadas. Yo le he dado mucha guerra a mi padre hasta que al fin he podido comprender esto. Cuando le cuestiono siempre me dice que tengo dentro una directora luchando por salir. Una vez más, gracias papá por tu paciencia y buen hacer. Por dejarme probar aunque al final no resultara, haciéndome reivindicar el derecho a equivocarme.

 El trabajo del director y el del actor son energías opuestas. El director controla, ve desde fuera. Su trabajo es más intelectual. El actor debe dejarse llevar y para eso es indispensable que confié y que tenga una fe ciega en sí mismo que no es lo mismo que una dosis alta de egocentrismo. Actuar es un acto de generosidad. Por eso estoy en contra de los directores que buscan que el actor les dé a través de la provocación o la humillación. No me parece nada inteligente. A mí me gusta más que me dirijan únicamente haciéndome preguntas.

La relajación en escena es imprescindible y para ello es necesaria una atmosfera de confianza y tiempo, tiempo para no precipitar los procesos.

 Para hacer un buen guiso es tan importante la materia prima como saber cocer a fuego lento.

Todo esto es lo que te proporciona una compañía estable pero un actor creativo no puede volar sin un director que SEPA sacarle partido.

Muchas gracias.

Y gracias también a los numerosos actores, actrices, colaboradores y colaboradoras, alumnos y espectadores que han pasado por Guindalera. “ Dios los crea y ellos se juntan.”

María Pastor