Un artista del hambre



REPARTOJuan Ceacero
DRAMATURIGALuis d’Ors
AGRADECIMIENTOSTomás Muñoz, Cesar Linares y Pablo d´Ors
DIRECCIÓNLuis d’Ors


A partir del relato corto escrito por Franz Kafka en 1922 (publicado en 1924, tras su muerte).El protagonista es una arquetípica creación de Kafka, un individuo marginado y victimizado por la sociedad. La historia detalla la decadencia y muerte de un artista ayunador profesional de un circo que se muere de hambre en una jaula.

Ignorado sistemáticamente por el público, permanece en su jaula hasta que uno de los administradores del circo le pregunta si aún sigue pasando hambre. Su respuesta es que la razón por la que se muere de hambre es que nunca encuentra una comida que le guste; y después muere. La jaula será ocupada por una pantera que atraerá mucho más público.

TEXTO DEL DIRECTOR

Kafka y el teatro que me sale

Kafka escribe como se transcriben las pesadillas de madrugada, a oscuras y precipitadamente. Me gusta esa escritura de frase breve, siempre en presente. Kafka materializa el inconsciente de manera directa. Frente a tantos escritores que dan rodeos hasta llegar a hincar el diente, K muerde en carne cada vez que coge la pluma. El interés y complejidad de su personalidad hizo el resto. Es difícil no ser un genio siendo así de único, brutalmente sincero, y atrevido (exponiendo a quemarropa su desnudez vulnerable.)

El mayor interés es siempre la situación insólita de inicio, expuesta así a sopetón (el trapecista que se fue a vivir a lo alto; el artista que exhibía en el circo su ayuno; la mujer que hizo del odio a su vecino (sin motivo alguno), el fundamento de su vida; Gregor que amanece convertido en insecto…).

Últimamente, no hago teatro pero adapto muchos cuentos. ¿Por qué cuentos? Porque es el teatro que aún no he visto.

No sé lo que quiero contar, más allá del argumento y los personajes. Si hago teatro es para saber qué quiero contar (sería mejor decir, qué quiero contarme; aún mejor qué quiero preguntarme, qué quiero conocer).

Podría construirse un recorrido de mis días, una especie de diario a través de las obras que he tenido que dirigir.

El punto de partida es la ignorancia y todas las dudas del mundo. Hay veces, sin embargo, que descubro a mitad de proceso de qué va una obra, o al final. Casi siempre termino pudiéndolo resumir en unas pocas palabras. Me inquieta y disgusta si a lo largo del proceso no lo he descubierto, porque eso significa que la obra se entregará al espectador confusa. Tan malo es, para mí, empezar teniendo muy claro todo, como terminar teniéndolo todo muy oscuro.

El teatro que hago no esconde la evidencia de que estamos en un teatro (uno de mis lugares favoritos), que estamos allí para presenciar un acto relevante. Que los actores son actores y van a contarnos un cuento. Los actores cuentan a los ojos del público, en complicidad con ellos.

Prefiero el sabor de la tradición, donde descubro siempre mucha más modernidad que en la impostura de la originalidad, pronto caduca. El teatro es efímero, pero me gusta hacerme la ilusión de que este teatro que yo hago continuaría siempre vigente.

Me gusta trascender a categorías detrás de las anécdotas, la sugerencia de las imágenes, pero odio el simbolismo; que haya significados ocultos, “gato encerrado”. Prefiero que las anécdotas sean en sí significativas. Me encantan las anécdotas, lo que les pasa muy concretamente a los personajes.

De igual forma, me encantan los detalles. No me importan mucho argumentos o temas. Sí es esencial, un detalle exacto.

Muchas veces hay humor en las obras que hago. Es un humor kafkiano, que encierra asuntos más bien tristes; un humor centro-europeo, que a veces sólo le hace gracia a mis amigos. Es tierno y cruel, como los libros alemanes de mi infancia. Es así porque hay violencia, tras la apariencia dulce y suave, infantil (por eso muchas veces los personajes terminan por  despedazarse). Me gusta combinar lo aparentemente banal con lo esencial de la vida (amo a Chéjov). Y lo divertido, ligero, luminoso… con lo doloroso, grave, oscuro (por eso me gusta Calderón; el misterio de lo sagrado combinado con la bobería superficial es un reflejo muy exacto de cómo se desenvuelven la mayoría de las vidas).

Los personajes son soñadores que necesitan mentirse con tal de vivir sus sueños (el paradigma de este tipo de personajes es Peer Gynt, de Ibsen, la obra aún pendiente; el ayunador no deja de ser un idealista). Todas las obras que me han elegido tratan de lo mismo, con diversas variaciones. Sería demasiado largo de explicar aquí.

El lenguaje verbal de las obras que me gustan es sencillo. La complejidad reside en lo que se cuenta, no en la forma. Amo la claridad narrativa y tengo muy en cuenta que las palabras oídas deben ser disfrutadas la primera vez que se escuchan.

Trabajo mucho el movimiento de los actores en el espacio. Que el dibujo de la escena sea la geometría de la situación. Tiendo a “sobre-mover” a los actores y llenarlos de juegos físicos.

Algunas personas me han dicho que mis obras son cinematográficas, porque a pesar de ser más bien torpe, me encanta lo visual.

Suelo incurrir en el error de construir una escenografía que luego suprimo por innecesaria.

Prefiero trabajar interviniendo sobre el espacio en que se representa; que un objeto, el traje, la luz o el propio movimiento y comportamiento del actor creen el ámbito con su atmósfera.

La placidez de un proceso no es garantía de un buen resultado. (Algún proceso infernal ha coincidido con mi obra más celebrada y representada, y viceversa). Pero tampoco el sufrimiento suele llevar a buen puerto (dejaría de hacer una obra de teatro si me ocasiona sufrimiento; lo que ocurre es que no se puede, o eso al menos cree mi sentido de la responsabilidad). Pongo toda mi energía más que en disfrutar del proceso de ensayos, en que haya una corriente de simpatía y afecto entre los que trabajamos: es la 6ª vez que trabajo con Juan Ceacero; no sólo es uno de los mejores actores que conozco. Sé que nos entendemos y estimamos. Así, en el peor de los casos, al menos iremos a emborracharnos cuando fracasemos.

Luis d´Ors.

LUIS D´ORS.

Luis d´Ors es director de escena. Licenciado en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), en las especialidades de Interpretación y Dirección, amplió estudios de Dirección Escénica en la BTA de Londres, Reino Unido, gracias a una beca del INAEM del Ministerio de Cultura español.

Ha sido ayudante de dirección de los más prestigiosos directores españoles, entre los que cabe destacar: Fabià Puigserver en el Teatre Lliure, José Luis Alonso para la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Ángel Gutiérrez en el Teatro de Cámara Chéjov, Miguel Narros en el Español y José Luis Gómez, en La Abadía, entre otros.

En estos teatros, además, ejerció labores de coordinación artística, formación teatral y procesos de reparto de producciones varias. Ha trabajado como profesor de Interpretación Textual en la RESAD, profesor de Dirección Escénica en la ESAD de la Universidad de Kent (Canterbury), Director del Aula de Teatro de la Universidad  Complutense y Coordinador artístico del Centro Dramático Nacional.

Es director teatral de más de una docena de puestas en escena, entre las que cabe destacar: Chiquilladas, de Raymond Cousse, con Pepe Viyuela;Canción de Navidad, de Charles Dickens, en el Teatro de La Abadía; Los amores de Anatol, de Scnitzler; Chéjov en el jardín, escrito y dirigido para el Teatro Español, además de los tres últimos espectáculos sobre Shakespeare, Calderón y Antón Chéjov, en el marco de la Compañía Michael Chéjov, fundada por él mismo en 2005.

JUAN CEACERO

Licenciado en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), ha completado su formación con maestros como M. Stubblefield y Sol Garre, Phillip Zarrilli o la SITI Company en EE.UU. En su experiencia profesional destacan sus trabajos en una docena cortometrajes. En televisión ha participado en las series Hermanos y  detectives, Amar en tiempos revueltos o El comisario. En teatro ha participado, entre otras en La muerte de Calibán (2011, Celia León), De noche justo antes de los bosques (2011, Oscar Miranda), Tito Andrónico (2009, Andrés Lima), La vida es sueño (Luis d’Ors) o El curioso impertinente (2008, Natalia Menéndez).


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