catástrofe.

  1. f. Suceso que produce gran destrucción o daño.
  2. f. Persona o cosa que defrauda absolutamente las expectativas que suscitaba.
  3. f. Mat. Cambio brusco de estado de un sistema dinámico, provocado por una mínima alteración de uno de sus parámetros.
  4. f. T. lit. Desenlace de una obra dramática, al que preceden la epítasis y la prótasis.

Catástrofe: una polisemia sobre un escenario. Cuatro actores nos hablan desde el único lugar del que aún pueden hacerlo: la desnudez de un yo atravesado por la ficción. Generosos, comparten sus posibles biografías, como negativos de ellos mismos: la vida de las mujeres y los hombres que no han sido ni serán. Ion, Irene, José Juan y Mikele habitan el accidente y dejan su experiencia en manos de un perverso juego que, como el título anticipa, culmina en calamidad y desastre. El drama se descompone frente a nuestras narices y viaja de un abismo a otro, en caída libre, tal y como los sueños incumplidos de sus personajes, copia y reflejo de nosotros mismos. La memoria como un desierto que, quizás demasiado tarde, tendremos que atravesar. O, todavía, que inventar.

Catástrofe es una aventura suicida que mira de frente a ese final del que nadie, nunca, regresa. Así es nuestra relación con el fin, con todos los fines.

“El comienzo de La Caja es fácil de explicar, queríamos trabajar para nosotros mismos así que en 2012 decidimos poner en marcha este proyecto. Hasta la fecha hemos estrenado tres montajes, El círculo de tierra, La esfera que nos contiene y Fuera de juego. Qué tipo de teatro hacemos, cómo queremos trabajar, con quién compartimos escenário, cómo podemos aportar algo interesante, preguntas apasionantes que nos seguimos haciendo en cada proceso y a través de las cuales seguimos construyendo nuestra identidad como compañía.”

La Caja

TEXTO DEL AUTOR

Los griegos dejaron escrito que «el tiempo es el accidente de los accidentes». El tiempo y sus calamidades. Somos espectadores de lujo en una época de progreso técnico y científico donde el crecimiento del ser humano debería ser medido también por su reverso: un mundo hiperpoblado de catástrofes.

El accidente es el mejor enigma del progreso. Hacer que despegue un objeto más pesado que el aire también es dar un paso a favor de la catástrofe aérea. Los desastres, naturales y artificiales, se amontonan y ya no sabemos qué hacer con tantos, tan cerca de casa. Vivimos en la sobreexposición de sus efectos, sincronizando socialmente nuestro miedo y habitando un sentimiento perpetuo de final-que-espera-su-final. Desde el cambio climático hasta el crimen violento, desde la crisis financiera al terrorismo… Los terremotos, los volcanes, los accidentes de tráfico, los accidentes aéreos, las rupturas de pareja… Sí, las rupturas, lo tsunamis del desamor. Vivimos en un mundo catastrófico que demanda un teatro catastrófico. Pero un cataclismo vivido se parecerá, de un modo fantasmal, a su representación, a su propio simulacro dentro de la pantalla. Hemos normalizado el terror y los supervivientes declaran que lo sufrido fue como una película. Tras el accidente de la sustancia, nos llega el accidente de lo real, el fin del espacio y del tiempo. Como escribe Paul Virilio, filósofo del desastre, el Ministerio de Defensa debe pronto ser sustituido por el Ministerio del Miedo.

La manera en que nos enfrentamos al dolor nos enseña cómo queremos seguir conviviendo con él. El auto-engaño de existir debajo de la espada me lleva a preguntarnos: ¿Dónde queda la realidad? ¿Podemos atraparla, dentro de un teatro, aunque ninguna verdadera catástrofe sea posible en él? ¿Podemos jugar a destruirnos, aunque sólo sea un poco?

Si el accidente era el mejor enigma del progreso, la muerte es el mayor enigma para los que todavía viven. Quizá apenas alcancemos a comprender unos milímetros de la oscuridad que nos amenaza. Puede ser en ese hallazgo, en la imagen escénica de un cuerpo iluminado por un foco, en la intimidad pública del teatro y bajo el enorme poder de sus contradicciones —como Samuel Beckett soñaba—, donde alcancemos a atisbar el fogonazo de claridad de nuestra breve pero grandiosa existencia.

Antonio Rojano, autor de la obra.



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El área de TEATRO de ESPACIO GUINDALERA actúa como  Plataforma de Proyectos Escénicos y acoge en “residencia” a Cías de Teatro Asociadas a las que ofrece sus instalaciones para  ensayar y mostrar dignamente sus montajes a espectadores cercanos, con los que contrastar impresiones, antes de estrenar sus espectáculos en otros teatros.

En esta ocasión la compañía La Caja Flotante ofrece 3 ENSAYOS ABIERTOS de su obra Catástrofe a socios y amigos de ESPACIO GUINDALERA.

DRAMATURGIAAntonio Rojano
DIRECCIÓNÍñigo Rodríguez-Claro
ELENCOIon Iraizoz, Jose Juan Rodríguez, Irene Ruiz, Mikele Urroz
VESTUARIO Y ESPACIO ESCÉNICOPaola de Diego
DIRECCIÓN TÉCNICAPablo Seoane
ESPACIO SONOROJosé Pablo Polo
COMUNICACIÓNCristina Anta
DIRECCIÓN DE PRODUCCIÓNCarmen Fernández
AYUDANTES DE DIRECCIÓNCarlos Pulpón y Javier L. Patiño
PRODUCCIÓNLa Caja Flotante

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