Fuerza expresiva en el actor

La velocidad, la eficacia, la contundencia y la brevedad son los valores supremos hoy en día. De ahí el éxito de Twitter, o de nuestros políticos y periodistas, porque así consiguen más seguidores. Igualmente, hoy en España, al actor solo se le valora por su “fuerza expresiva” (que no está mal que la tenga), no por su talento para transmitir un inmenso mundo de matices emocionales y los más sutiles colores del alma humana a través de su muy variada gama de intenciones expresivas. Igual que la mayoría de los tenistas, que no buscan el golpe artístico y eligen el revés a dos manos aunque sea menos plástico, en nuestro país sobre todo, se busca en el actor o la actriz, la fuerza expresiva, lo grueso, lo contundente, incluso lo zafio, lo rudo o lo chabacano, la sobreactuación. No importa si repiten sus  clichés, siempre que se expresen con fuerza, no importa si el intérprete con esa “contundencia expresiva” esté bloqueando la libre salida de su verdadero talento, sus ricos matices expresivos que posiblemente está ignorando  al anteponer, con su “fuerza expresiva”  lo que dice, dejando a un lado posiblemente, digo posiblemente, lo que de verdad debe estar sucediendo en el escenario si creemos que debe ser espejo de la vida del ser humano…