Carta de despedida Juan Pastor

Hace tres años y después de la cavilación de todos los fines de temporada sobre si seguíamos o tirábamos la toalla, anunciamos que cerrábamos la sala, que nos íbamos. Pero el empeño y entusiasmo de María, mi hija, nos hizo volver a intentarlo con nuevas estrategias. Hoy y a pesar de haber superado todo tipo de dificultades, inventando fórmulas ingeniosísimas, con un deseo desaforado por mantenernos abiertos, aunque ya sin el licor de guindas para abaratar costes, a pesar de todo esto, no tenemos más remedio que renunciar y pasar el testigo. Nos vamos, aunque la compañía Guindalera  seguirá  con sus nuevas producciones y el aliento de María, buscando otros puertos donde recalar.

Pero antes de eso,  queremos constatar que nuestro pequeño teatro  siempre pretendió ser una casa de vida con vocación de servicio público,  con la función de ser una manifestación artística, social y cultural que contribuyera al bienestar personal y colectivo. Y aunque tuvimos que trabajar en nuestros proyectos teatrales desde una gran pobreza de medios,  siempre lo hicimos con la determinación de ir a la esencia de las obras que íbamos montando.

No solamente sentimos el despedirnos de la sala, sentimos el dolor ante la imposibilidad de abordar el arte escénico en toda su dimensión. Creemos en el arte de calidad que nos enseña cosas sobre nosotros mismos y el mundo que nos rodea. Luchamos contra la comercialización y la transgresión cuando deriva en banalización: una cosa es el desarrollo de potencialidades expresivas y creativas que generan formas y productos culturales y otra pretender que todos somos artistas, por eso estuvimos en contra del “todo vale” y del “famoseo”, quisimos ser un arte vivo que va desde la expresión dramática a la escénica. Pero sobre todo hemos creído en el actor, que se enriquece por la aportación artística de un director que utiliza un material dramático para encender la llama del arte al comunicarse con un público, dentro de las características singulares que llamamos expresión escénica.

Pero uno de nuestros problemas ha sido el de no aplicar criterios de rentabilidad industrial porque no creemos en el teatro como industria sin más. No aplicamos estrategias de tipo económico porque nuestro fin es el desarrollo cultural. Por eso en nuestra crisis permanente hemos aprendido a navegar en un océano de incertidumbres, hasta que las tormentas nos han hecho naufragar.

Guindalera ha sido siempre un lugar para descubrir algo de nosotros mismos, ha sido un lugar de en­cuentro para el sosiego del alma humana, un estí­mulo o acicate ante un mundo a veces duro y hostil, un espacio que la gente visitaba para escuchar ver­dades a través de la ficción, un sitio donde los sue­ños eran intencionados y compartidos en un acto de voluntad colectiva al que se acudía posiblemente por una necesidad espiritual, lúdica o vital para el ser humano, cada vez más extrañado ante el misterio de la vida y la complejidad del alma humana. Siempre puso en marcha proyectos teatrales con temas que podían interesar a nuestra sociedad actual, pero con un sello propio, el sello de Guindalera. Textos clásicos o de autores contem­poráneos, pero textos sólidos con una visión actuali­zada.

Nos vamos contentos, fuertes y poderosos, hicimos lo que creíamos que debíamos hacer, alimentados por la fe y la esperanza de alcanzar lo que creemos debe ser esta profesión.

Nuestro agradecimiento a todos los que hicieron que este milagro se pudiera producir, porque es un milagro mantener un proyecto como este en nuestro país. Nuestro eterno agradecimiento a  todos los actores que pasaron por aquí, artistas, colaboradores que formaron parte del proyecto, a todos los estudiantes que pasaron por nuestro espacio, a los medios, a los numerosos amigos que nos apoyaron, pero sobre todo a ese público que nos ha seguido con verdadera pasión,  público que se convirtió en una hermosa familia y que posibilitó la supervivencia del proyecto. Gracias a todos ellos. Pero sobre todo me vais a permitir que deje  constancia de mi eterno agradecimiento a Teresa, mi mujer, que ha sido todo en este loco empeño y a mi hija, María, en la que pongo todas mis esperanzas para que consiga lo que yo siempre anhelé de esta profesión.                                                                    

Juan Pastor

 Guindalera 22 de Diciembre 2019